Quizás sea por el reflejo del
estresante y vertiginoso mundo el que se vive en pleno siglo XXI, o quizás sea
porque el ser humano busca siempre el camino corto o los atajos, no sé.
Quizás pueda ser también porque
la gente no tiene a alguien que le guíe, o tal vez porque tiene un guía
inadecuado.
El caso es que vivimos en una
sociedad que tiende a empezar por el final, ¿por qué? Supongo que porque los
finales, si son felices, son más apetecibles, más reconfortantes.
El problema, es que el final,
generalmente, sin un buen principio y un entramado coherente, no será un buen
final.
Ha llegado el invierno, modelos
de planificación de la temporada o de la distribución de la intensidad del
entrenamiento, hay muchos. Planificaciones clásicas, planificaciones en ATR,
planificaciones con CIERTOS principios de la planificación inversa…gente que
entrenará entre umbrales, otros de forma polarizada u otros que periodizarán ambas
distribuciones.
Pero todas y cada una de ellas,
respetan dos principios básicos, el descanso y la progresión en las cargas de
entrenamiento, sea a través de la intensidad o el volumen.
Noviembre y diciembre, incluso
octubre en los más atrevidos, son meses que nos permiten contemplar auténticos
atentados contra los principios básicos. Sólo basta con echar un ojo a nuestros Strava,
a nuestra piscina, a las carreras populares, al Washap, al Facebook… triatletas
martilleando semanas más propias de un PRO en plena preparación del objetivo
principal, sesiones dignas de subir al Instagram (por cierto, no tengo
Instagram), rodajes ‘’lentos’’ que superan los ritmos que se llevarán en la
media distancia en primavera y verano, preparaciones inversas sin sentido
ninguno en triatletas que están muy lejos de tener las ‘’batallas’’ necesarias
para ello. Mientras Eneko Llanos posa tomando el Sol en un banco con una bici
de paseo. El mundo al revés, aunque ya habrá tiempo de hablar de ese mundo al
revés.
Volvamos a lo básico, el machaquismo
ya es agua pasada, subamos de uno en uno los escalones, hagamos que nuestra escalera
llegue más lejos y más alto, las escaleras de los ‘’campeones de invierno’’
suben muy rápido, creándose un estado de falsa forma, que dura hasta abril, con
suerte hasta mayo, y justo cuando empieza lo importante, se acaba, y te lleva
al precipicio. Lesiones por sobreuso o por olvidar el gimnasio,
sobreentrenamiento, ritmos que en febrero parecían fáciles se convierten en
agónicos en primavera, abandonos en competiciones porque ya no hay fuerzas, frustración
y decepción porque una vez más no se consiguen los objetivos, y un largo
etcétera.
Sinceramente, la mayoría de la gente está en un punto en que no necesita ‘’machadas’’, el estímulo de baja intensidad y volumen, en invierno, es aún necesario y muy efectivo. La casa que se empieza a construir por el tejado se caerá.
Disfrutemos, la temporada es
larga, acaba en septiembre u octubre, volvamos a lo básico, los mejores
artistas lo hacen, vuelven a lo esencial, a los conceptos básicos, y cuando los
dominan, entonces sí, ponen la guinda en su camino a la excelencia.

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